La participación de Jorge Bergoglio durante la dictadura cívico-militar argentina ocurrida entre 1976 y 1983 ha sido objeto de controversia. Por un lado, algunas personas acusaron al entonces provincial jesuita de supuesta vinculación con el terrorismo de Estado,103 aun cuando ninguna denuncia fue presentada formalmente ante la justicia argentina.104 Por otro lado, diversas personalidades —incluyendo perseguidos durante la dictadura— han afirmado que Bergoglio ayudó a quienes fueron perseguidos.105
Investigaciones periodísticas
En 1986, el fundador del CELS, Emilio Mignone publicó su libro Iglesia y dictadura. El papel de la iglesia a la luz de sus relaciones con el régimen militar donde menciona que Bergoglio estaría vinculado con el secuestro de los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio yFrancisco Jálics ocurrido el 23 de mayo de 1976.106 Dicha tesis sería reflotada por el periodista de investigación Horacio Verbitsky, quien publicó en 2005 el libro El silencio.107 La catequista María Elena Funes, quien estuvo detenida en el ESMA, indicó que lossacerdotes no recibieron la protección de Bergolio.108 El entonces «provincial» de los jesuitas relató que ante el peligro les ofreció a ambos refugio en la casa de los jesuitas, pero los dos sacerdotes decidieron continuar sus labor social en barrios humildes, cuando fueron secuestrados.109 Los jesuitas secuestrados reaparecieron el 24 de octubre de 1976. Verbitsky asignó responsabilidades al cardenal por este hecho y presentó cinco testimonios de curas y teólogos para intentar confirmar el rol de Bergoglio en los secuestros de los sacerdotes,110 hechos que fueron investigados en la serie de causas judiciales por delitos de lesa humanidad conocida comoMegacausa ESMA y en el marco de la cual el entonces cardenal fue llamado a declarar como testigo.111 En su declaración del 8 de noviembre de 2010,112 afirmó haberse reunido con los dictadores Jorge Videla y Emilio Massera, para reclamar por la liberación de los curas.113 Las investigaciones realizadas por Verbitsky no generaron ninguna imputación hacia Bergoglio ni causa pendiente.104
En 2010, los periodistas Francesca Ambrogetti y Sergio Rubín le preguntaron al cardenal sobre esto en el libro El jesuita, conversaciones con el cardenal Jorge Bergoglio, S.J.. Allí, el entonces cardenal rechazó las acusaciones e indicó que, si no se había defendido antes, “fue para no hacerle el juego a nadie, no porque tuviese algo que ocultar”,114 y narró cómo habría protegido a sacerdotes perseguidos durante la dictadura.114 En la entrevista, añadió: “Hice lo que pude con la edad que tenía y las pocas relaciones con las que contaba para abogar por las personas secuestradas [...] Me moví dentro de mis pocas posibilidades y mi escaso peso”.107
Sobre esto, el propio Jálics aclaró, a través de un comunicado distribuido por la orden alemana de jesuitas en Múnich, que no fue hasta años después que volvió a hablar con Bergoglio sobre su secuestro y que, tras celebrar la misa, se abrazaron solemnemente. También afirmó que se había reconciliado con lo sucedido, y considera el asunto cerrado, pero que no puede juzgar el papel de Bergoglio en esos sucesos.115 116
Tras su elección como papa, desde el Vaticano se afirmó que las acusaciones contra Bergoglio eran parte de "una campaña difamatoria bien conocida” que fue "promovida por una publicación que en ocasiones es calumniosa y difamatoria", acusando de la misma a la "izquierda anticlerical". Remarcó especialmente que "jamás ha habido una acusación creíble" contra el cardenal Bergoglio quien, dijo el portavoz Federico Lombardi, "jamás fue imputado por algo" e "hizo mucho para proteger a las personas durante la dictadura".117 118 119 120 Esto fue respondido desde el diario Página/12, en el cual publica Horacio Verbitsky, afirmando: "(se trata de una) desmentida pobre, que además no desmiente nada sino que agrede al mensajero, al medio que publicó una información que no estaba oculta, sino que ningún otro quiso publicar".121 122
Asimismo, el periódico digital español Público, realizó una entrevista a Rodolfo Yorio, hermano de uno de los sacerdotes secuestrados, donde efectuó declaraciones abonando la hipótesis de la desprotección por parte de Bergoglio.123 En el mismo sentido se expresaron otros familiares y allegados de los implicados, en un informe elaborado por el canal de noticias teleSUR.124
Franz Jalics volvió a asegurar posteriormente que ni él ni Yorio fueron denunciados por el actual papa y señaló que «es falso sostener que nuestro secuestro se produjo a iniciativa del padre Bergoglio». También reveló que en un primer momento sí creyó que habían sido víctimas de una denuncia, pero que tras varias conversaciones a finales de los años 1990, llegó a la conclusión de que dichas suposiciones eran infundadas.125
Por su parte, Germán Castelli, uno de los jueces que llevó el caso, recordó que la sentencia judicial del caso ESMA eximió a Bergoglio de cualquier culpabilidad, señalando, según las evidencias, que la actuación del cardenal no tuvo ninguna implicación jurídica126 y que las imputaciones contra él eran «totalmente falsas», según sus propias palabras.
La sentencia también dictaminó que las gestiones realizadas tanto por los superiores de la orden jesuita como por otras autoridades eclesiásticas persuadieron al régimen imperante de la liberación de los secuestrados.126
Declaraciones de activistas por los derechos humanos
Varios referentes de la defensa de los derechos humanos han negado la participación de Bergoglio en dichos asuntos. Alicia Oliveira, expulsada de su cargo de jueza durante la dictadura, perseguida en 1976 y nombrada «defensora del pueblo de la ciudad de Buenos Aires» en 1998,127 afirmó que Bergoglio les advirtió a los sacerdotes Jálics y Yorio del peligro que corrían y que ellos no le hicieron caso.104 El sacerdote Guillermo Marcó señaló: “A Alicia Oliveira, (Bergoglio) la salvó de ser desaparecida por la dictadura. Y cuando (Bergoglio) se entrevistó con Videla fue a pedirle por los curas”.128 En una entrevista Oliveira expresó que “cuando la dictadura me echó, él estuvo conmigo”.129
La ex senadora Graciela Fernández Meijide, miembro de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) que fue secretaria de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), ratificó la declaración de Alicia Oliveira y afirmó que no le constaba «en absoluto que haya sido cómplice de la dictadura» pues «ni hay datos ni lo pudo probar la Justicia», ya que en todos los años en los que ella perteneció a la Conadep y a la APDH «nadie lo mencionó ni como instigador ni como nada». Meijide también afirmó que parte de las críticas a Bergoglio se debían a que éste había reprobado las políticas del gobierno argentino a causa de la corrupción y la pobreza.130
En tanto, el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel opinó tras la asunción del papa Francisco que no consideraba que él “haya sido cómplice de la dictadura", pero que creía que "le faltó coraje para acompañar nuestra lucha por los derechos humanos en los momentos más difíciles”.131 Señaló además que "Hubo obispos que fueron cómplices de la dictadura, pero Bergoglio no.132 [...] A Bergoglio se le cuestiona porque se dice que no hizo lo necesario para sacar de la prisión a dos sacerdotes, siendo el superior de la congregación de los jesuitas, pero yo sé personalmente que muchos obispos pedían a la junta militar la liberación de prisioneros y sacerdotes, y no se les concedía. Les decían que sí y luego no se la daban."133 132
El presbítero Miguel La Civita, colaborador del obispo Enrique Angelelli muerto durante la dictadura, y declarante en el juicio por los asesinatos durante el proceso militar de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, sostuvo que «Bergoglio ayudó y sacó a mucha gente del país en la época de la dictadura». La Civita aseguró que Bergoglio está lejos de haber colaborado con la dictadura militar, y acotó que hasta tenía montada una especie de organización con colaboradores «para ayudar a la gente que era perseguida por los militares».134
Estela de Carlotto, titular de la organización Abuelas de Plaza de Mayo, se refirió a Bergoglio tras su elección como papa: “Que no se olvide de su patria, nos olvidó un poco, no lo escuchamos nunca hablar de nuestros nietos, ni de los desaparecidos”.135
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